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Cuando
les pido a los participantes de un curso que nombren a los que consideran
grandes líderes de la humanidad surgen los siguientes nombres: Mahatma Gandhi,
el “Che” Guevara, Jesús, la Madre Teresa de Calcuta, Einstein, Bill Gates y
otros más polémicos, como Bush, Bin Laden y hasta Hitler. Surge entonces la
pregunta de qué es un líder y si cabe agrupar a todos estos bajo la misma
nomenclatura.
Una
de las definiciones más utilizadas de Liderazgo es la “capacidad de movilizar
personas en pos de un objetivo o causa”. Hasta aquí, todos los mencionados
son líderes. Pero para identificar a un verdadero líder hay que agregar a la
definición un elemento importante: el que las personas se movilicen “por
propia voluntad o convicción”.
Entonces
comenzamos a hilar más fino analizando el porcentaje de personas que siguen a
estos líderes por convicción y los que lo hacen por miedo, obligación o
necesidad. El modelo que nos interesa fomentar es obviamente el primero, ya que
al movilizarse convencida, la gente trabaja con ganas y da más de lo que se le
pide.
Otra
aspecto importante a considerar es de orden ético: la validez de la causa u
objetivo que propone el líder: La de Gandhi es prácticamente incuestionable,
la de Hitler absolutamente condenable. Y aunque algunos de sus compatriotas
siguieron a este último convencidos de que eran la raza superior y de que su
causa era justa, cabe preguntarse cuántos lo hicieron por miedo o sin querer
tomar conciencia de la existencia de los campos de exterminio, por lo que siguen
purgando hasta hoy su fatal error.
El
líder en la empresa
En
las empresas se dan situaciones menos drásticas para quienes conducen gente,
aunque con muchos elementos en común. El líder es quien sabe captar lo que la
gente quiere y plasmarlo en un objetivo o causa común. Cuando se trata de
Mandos Medios, el líder debe ser capaz de alinear los objetivos de la
organización con los de la gente que tiene a cargo. La sensación del Mando
Medio es ser el “jamón del sándwich”, con las contradicciones propias que
se dan frecuentemente entre las necesidades de la dirección, las de su
equipo…y las suyas propias! Es una posición que requiere equilibrio e
integridad, para poder direccionar las acciones hacia un esfuerzo conjunto.
Los
ya clásicos Barry Posner y Jim Kouzes identificaron una serie de prácticas
que, a diferencias de considerar que “líder se nace”, pueden ser aprendidas
y aplicadas por todos, a fin de lograr un liderazgo eficaz en las
organizaciones:
Desafiar
el proceso: estar dispuesto a cambiar, crecer, innovar y mejorar así como a
experimentar, correr riesgos y aprender de los errores.
Inspirar
una visión compartida: ser capaz de imaginar un futuro deseado y compartirlo
con nuestra gente.
Habilitar
a otros para actuar: generar confianza, ayudar a desarrollar competencias en
nuestra gente, ceder el poder (delegar).
Servir
de modelo: dar el ejemplo y ser coherente entre el decir y el hacer.
Brindar
aliento: reconocer los aportes de cada uno, agradecer y celebrar los logros.
Migrar
de “jefe tradicional” a “líder” puede llevar un tiempo, pero a la luz
de los resultados que se pueden obtener, bien vale la pena el esfuerzo. La gente
da lo mejor de sí cuando tiene objetivos claros que contemplen también sus
necesidades; trabaja convencida y con ganas cuando hay quien la reconozca y le
plantee desafíos de crecimiento.
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