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1.
Tome la venta como un juego
Tomar
la venta como un mero trabajo resulta agobiante: tome la venta como un juego.
Como en el juego, a veces se gana y a veces se pierde. Cuando pierda,
aprenda de los errores. Cuando gane, festeje. Vender no significa para
todos lo mismo. La venta puede ser una obligación o un desafío. Si uno pone un
mínimo de ganas, puede resultar una experiencia transformadora. En el momento
que está frente al cliente, olvídese el tema del sueldo, de la presión y de
los objetivos. El cliente lo percibe y huye. Simplemente juegue. El objetivo es
pasarla bien y aprender a jugar cada vez mejor para ganar cada vez más
partidos. Los premios llegan de manera natural cuando uno disfruta del juego.
2.
Equivóquese
Errar
es humano, pero hay al menos dos caminos a tomar con los errores: negarlos o
aprender de ellos. En la venta, aunque no sepamos todas las respuestas, aunque
no conozcamos el producto a la perfección, hay que animarse a jugar. Nadie nace
sabiendo. Mozart, por ejemplo, no nació berreando una sinfonía, sino que tenía
un padre que lo hizo practicar en forma paciente y metódica. No sabemos si la
pasaba bien Mozart, con tanta exigencia, pero que su genio se forjó en la práctica
no cabe duda. El talento es como un diamante en bruto que se pule con la práctica.
La música, contrariamente a lo que mucha gente supone, implica horas de práctica
obsesiva, hasta que uno está en condiciones de tocar algo interesante. Aprender
a vender es bastante más sencillo, y suelen aflorar talentos escondidos en
gente que nunca suponía que los tenía. Sólo es cuestión de animarse.
3.
No sea el típico vendedor
La
mayoría de los videos norteamericanos que enseñan técnicas de venta muestran
a señores con peinados “retro”, postura firme y hablar asertivo, que se
muestran orgullosos de su profesión e intentan convencernos de que los tomemos
por modelo. El problema es que también nos muestran, sin quererlo, una sonrisa
artificial, autosuficiencia impostada, mucha “parla” y poca “onda”. Es
decir, el estereotipo de vendedor que todo cliente quiere evitar. Por eso, no
haga de vendedor, haga de persona. Que la venta sea su objetivo, pero no su
disfraz.
4.
No pregunte si puede preguntar
Luego
de presentarse, el vendedor se dirige al cliente de la siguiente manera: “Perdón,
¿podría hacerle unas preguntas?”, y el cliente piensa: “Eso ya es una
pregunta”. Además, ¿por qué pide “perdón”? ¿Hizo algo malo? En todo
caso, pregunte si el cliente está ocupado y puede hablar. No está mal ser
amable y respetuoso, lo que está mal es confundir “servicial” con
“sumiso”. La gente aprecia la eficiencia, así como encontrar quien lo
escuche, lo entienda y con quien pueda hablar. En tal sentido, en vez de asumir
una posición sumisa, es recomendable asumir una de “igual a igual”.
5.
No aplique recetas en forma esquemática
Cuando
uno sale a la cancha, se olvida del librito. Frente al cliente, ponga en remojo
todo lo que le enseñaron. Aplique el “sentido común”, que requiere
criterio propio y sensibilidad, y es por eso “el menos común de los
sentidos”. El sentido común es una forma válida de conocimiento. Piense qué
cosas ya no funcionan y qué cosas podría haber hecho distintas las últimas
veces que fracasó ante un cliente. Las técnicas de venta no son una ciencia
exacta, sino que deben ser flexibles a cada individuo y cada situación.
6.
Sea autentico
A
veces se compara al vendedor con un zorro, por lo astuto y engañoso. Esto
ocurre cuando su avidez por cerrar ventas a cualquier costo se intenta disimular
a través de modos amables y un speech repetido hasta el cansancio. El cliente
se da cuenta de que algo esconde y retrocede. Obviamente, esta actitud es
contraproducente. Es mejor reconocer que uno quiere cerrar la venta en vez de
esconderlo. Quienes tienen experiencia en ventas saben que hay clientes que
compran simplemente por confianza. Conviene a veces reconocer las limitaciones
del producto, en vez de negarlas. En vez de actuar como la mayoría, es bueno
respetar el estilo personal de cada uno. La autenticidad es bien recibida, ya
que es tomada por los clientes como signo de confianza.
7.
Elija una metáfora personal
Nuestra
empresa puede querer que actuemos como “tigres”: fuerte y noble, el tigre
fija su objetivo y da un paso atrás antes de atacar, tiene una mirada hipnótica
y cautivante. La metáfora, de manera creativa, nos ofrece una imagen clara sin
necesidad de explicación, que sirve de guía a nuestros actos. Se puede jugar
con las metáforas, buscando alguna que se adecue a nuestra idiosincrasia. He
aquí algunos ejemplos, según el gusto de cada uno:
-
León
o tigre: fuerte, noble, con garra, mirada hipnótica y ataque preciso.
-
Gacela:
ágil, suave, linda.
-
Pantera:
seductora y mortífera.
-
Búho:
callado y sabio.
-
Mosca:
insistente y molesta (sirva como ejemplo a no tomar).
Además
del reino animal (donde podemos divertirnos encontrando ejemplos más drásticos
para algunos conocidos), podemos también incursionar en otros rubros:
-
Conquistador:
noble, guerrero, valiente, guiado por valores.
-
Samurai:
estratégico, guerrero, preciso, sabe equilibrar calma con acción.
-
Mochilero:
aventurero, necesita poco y se mete en lugares inexplorados.
-
Alpinista:
audaz, entrenado, constante, decidido a
llegar la cima.
Agregue
usted los ejemplos que se le ocurran.
Esperamos
tus comentarios, sugerencias, inquietudes e ideas de futuras notas que quieras
ver publicadas en contenido-ar@bumeran.com
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