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Algunas
preguntas que nos ayudan a pararnos en el resultado
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¿Cómo
sería si pudiésemos hacerlo?
¿Que
conversaciones que no estamos teniendo, podemos empezar a tener?
¿Cómo
se vería un resultado ideal?
¿Quiénes
podemos ser para crear el cambio que necesitamos?
¿Que
pasaría si hacemos eso que nadie todavía hizo?
¿Qué
tendría que pasar para que estemos satisfechos con los resultados?
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Desde
la planificación tradicional, generalmente desechamos cualquier idea o proyecto
que este por fuera de lo que consideramos el límite de lo posible, lo que para
nosotros juzgamos irracional, sin darnos cuenta que como seres humanos somos
incapaces de ver la “realidad” tal cual es, sino que solo podemos ver lo que
como observadores podemos interpretar por nuestras historias y experiencias
pasadas.
El
considerarnos seres racionales nos ayudó a llegar hasta donde llegamos en la
actualidad, que por cierto ya es mucho, pero hoy es la mayor fuente de limitación
como seres humanos. Matamos nuestra propia creatividad al desechar ideas que
salgan de lo ya establecido.
Cuando
planificamos el futuro desde el presente pensando en lo que pasó en el pasado,
entonces hacemos que el “futuro sea una prolongación del pasado”, o sea, más
de lo mismo. Comenzamos a tomar las pequeñas acciones que están a nuestro
alcance por los recursos limitados que tenemos, y esto hace que caminemos muy
despacio, ocupándonos de las cosas urgentes y entrando en círculos viciosos de
los cuales es muy difícil salir. Racionalizamos acerca de las posibilidades a
futuro, pero nuestro cuerpo sigue preso de la angustia y la resignación por la
“realidad” actual.
“Pararnos
en el resultado de lo que queremos” nos permite vivir en el cuerpo la sensación
de ya haberlo logrado. El camino se hace mucho más fácil, como personas nos
sentimos mucho más seguros. Cuando tu lenguaje y tu cuerpo hablan el mismo
idioma, nuestras acciones son mucho más precisas, consistentes, y poderosas.
Dejamos de ver a la posibilidad como algo que hay que buscar o encontrar, sino
que “nosotros somos la posibilidad”, y desde nosotros creamos el cambio que
queremos lograr.
Hay
una famosa frase que dice “Si quieres ser fuerte, hazte el fuerte”.
Generalmente creemos que solo podemos hacer las cosas que nuestro ser nos lo
permite. “Somos chicos, por eso no podemos hacer lo que hace la empresa
grande”. Esta creencia destruye toda posibilidad de cambio. Podemos seguir
creyendo que esa es la única verdad, o podemos empezar a ver que también
nuestro hacer genera quienes nosotros somos. “Por no hacer las cosas que hacen
las grandes empresas, es que somos chicos”.
Si
esperamos a tener coraje para tomar desafíos, quizás nunca hagamos nada, si
nos comprometemos a desafiarnos a nosotros mismos, en el preciso momento en el
que tomamos el desafió, estamos siendo valientes.
Gandhi
lo decía con sus palabras: “Seamos el cambio que queremos ver en el mundo”.
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