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En
el ámbito empresarial, habitualmente nos encontramos con personajes, especie de
“gurúes”, que nos suelen indicar la “fórmula” que conduce a las
organizaciones, indefectiblemente, al éxito.
De ahí que una amplia gama de bibliografía nos suele indicar: “Cómo
ser la empresa número uno”; “Sea siempre el mejor”, “Como ser líder en
cuestión de segundos”, etc.
Sin
embargo, la razón en estos casos nos debería llevar a determinar que dichas
“fórmulas” carecen de valor sustentable.
Los motivos que nos llevan a considerar dicha carencia están dados por
varias razones, entre las cuales, y como principales, se pueden destacar las
siguientes:
Recursos
de la organización: Cada organización cuenta con una gama de recursos propios
(Capital, Mano de obra, Tierra, Conocimiento), distintos a los que cualquier
otra organización tiene en el mercado, lo que marca una diferencia
trascendental.
La realidad indica, entonces, que la mayoría de las organizaciones
trabajan y aplican las herramientas, en función a los recursos
que tienen disponibles.
Cultura
organizacional: Siendo la cultura organizacional, la forma de proceder de los
integrantes de la organización. Es decir, el sistema de valores que establece
la forma de comportarse dentro del ámbito de la organización.
Podemos inferir que cada organización tiene sus propios valores, los
cuales están fundados por los principios, normas y códigos impartidos por los
referentes de la organización.
A raíz de lo cual, se puede determinar que el comportamiento de cada
organización, ante una determinada situación, jamás podrá asemejarse.
Fuerzas
Externas que inciden en la organización (Macro-ambiente): Se entiende por
fuerzas externas a aquellos factores del marco general que no pueden ser
controladas por la organización, pero que, de todas maneras, influyen en el
marco de actividad dentro del cual actúa la misma.
Algunos de los factores a considerar son: leyes, tecnologías, políticas,
cuestiones demográficas, cuestiones ecológicas, etc.
Por ende, es de considerar, que en cada mercado existen factores con más
relevancia que en otros.
En definitiva, no todos los mercados son afectados por los mismos
factores externos.
Contexto
específico de la organización (Micro-ambiente): En este caso nos referimos a
variables propias de la actividad dentro de la cual está inmersa la organización.
Esta interactúa directamente con ellas, pudiendo ejercer un control más
estricto sobre las mismas.
Los principales actores de este contexto son: los Proveedores, los
Competidores, los Clientes, Organismos gubernamentales específicos (Como ser
un: Ente regulador).
Es decir, cada organización tiene su propio contexto específico, lo que
determina que no todas las herramientas y acciones podrán ser aplicadas con los
mismos resultados en todas las organizaciones.
Estructura:
Cada organización cuenta con un marco formal que le permite llevar a cabo sus
actividades de manera habitual.
A través de él, se determinar la anatomía de la organización,
destacando las áreas intervinientes en el proceso.
Dicho marco formal irá de la mano, de los recursos y capacidades que
posee cada organización en particular.
Lo que implica que, cada organización, tiene su propio medio (su propia
estructura) para llegar a un determinado fin (objetivo de la organización -que
puede ser o no, común a todos en el mercado-).
Marcados
los principales (aunque, no únicos) puntos de divergencia entre las
organizaciones, podemos comenzar a inferir que cada organización conforma un
sistema particular, único; que cuenta con contextos, situaciones, estructuras,
capital humano (intelectual), recursos y formas de gestionar los mismos,
propios, que le permiten adecuarse al contexto de su actividad, tanto general
como específico, para lograr su objetivo.
Sobre
la base de lo explicitado se puede sostener que no existe “la fórmula del éxito”.
Para conducir a una organización hacia un camino viable, que le permita
un crecimiento razonable a través del tiempo, es menester, tener una comprensión
integral del negocio, incluyendo un detallado análisis de los actores
intervinientes en
toda la cadena de valor, de manera de lograr el compromiso de cada eslabón
para su correcto funcionamiento, a cambio de garantizar la rentabilidad de los
mismos.
Lo citado no es la única herramienta aislada que debe aplicar la
organización, sino que todo esto debe ir acompañado de un análisis, interno,
minucioso por parte de la organización, que le permita comprender cuales son
sus aspectos positivos y negativos (Fortalezas y Debilidades), con el fin de
posicionarse en el lugar adecuado en función a sus posibilidades reales.
Logrando determinar, a su vez, la mejor manera para afrontar las
oportunidades y enfrentar las amenazas que dispone el contexto en el cual está
inmerso la organización.
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