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Durante
los últimos quince años hemos asistido en nuestro país a una revolución sin
precedentes: la evolución de las comunicaciones. En la década del 80, ENTel
operaba unas 3.300.000 líneas telefónicas analógicas (8.8 líneas cada 100
habitantes), y el promedio de espera para la instalación de una línea nueva
era de más de 4 años.
Solo
veinte años después, nuestro país cuenta con más de 8.000.000 de líneas
instaladas (19.4 líneas cada 100 habitantes), todas digitales. Los cableados de
cobre o fibra óptica recorren el país en todas direcciones, llevando las
comunicaciones a las localidades más remotas, emulando su red vial, ya no para
conducir vehículos, sino para transportar información.
Gracias
a las comunicaciones, las nuevas generaciones gozan, ahora, de un acceso a la
información cada vez mayor y de mejor calidad. Eso brinda Internet.
Parafraseando a John Chambers, CEO de Cisco Systems, "...Internet está
cambiando la manera en que trabajamos, vivimos, jugamos y aprendemos...".
Sin
embargo, el uso de la tecnología solo podrá considerarse plenamente efectivo
cuando su aplicación contemple seriamente un modelo de inclusión digital.
Entonces sí podremos referirnos con mayor autoridad al acceso de las nuevas
generaciones a más y mejor información.
Afortunadamente
esto ya es parte de las estrategias de crecimiento, tanto en el sector público
como en el privado.
Por
tercer año consecutivo, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
ejecuta a través de organizaciones civiles el Programa "Empleo
Joven", con la intención de brindar a los jóvenes en situación de
desempleo -y realidad social compleja- una capacitación que les permita
adquirir competencias básicas y específicas para facilitar su acceso al mundo
del trabajo.
Pero
para hablar de inclusión digital, debemos dar un paso más. Fundación Proydesa
está ejecutando por segunda vez el mencionado programa, brindando a un grupo de
jóvenes de entre 16 y 26 años una capacitación integral en tecnología,
conjugando mecanismos de e-learning con una presencialidad semanal en el aula.
Una robusta plataforma informática brinda la capilaridad necesaria para que
estos jóvenes puedan acceder a los contenidos de estudio en forma irrestricta,
ilimitada y desde cualquier lugar.
Para
esto, cada uno ha recibido -y conservará indefinidamente- su propia cuenta de
acceso. De modo que estos jóvenes -algunos sin la menor experiencia previa- no
solo están logrando introducirse al mundo digital, sino que se hacen de
herramientas que les permitirán, en el futuro, desempeñarse con libertad y sin
ataduras en un ámbito que hasta ahora -y por razones que no hacen a este análisis-
les estaba vedado.
El
sector privado, como ya se indicó, también está haciendo lo suyo. Empresas
tecnológicas de primera línea se han sumado a este desafío. Hacia el final de
su capacitación, estos jóvenes tendrán la oportunidad de realizar prácticas
laborales en ambientes de trabajo reales, nutriéndose de la experiencia de los
mejores profesionales. Estas mismas empresas son las que sistemáticamente se
nutren de personal capacitado en IT desde el Web Site Laboral.
De
todo lo expresado surge, entonces, que la inclusión digital no se logra solo
con la mayor o menor penetración de los productos y servicios tecnológicos, a
menos que se acompañe por una fuerte estrategia de capacitación que permita la
inclusión de los excluidos.
Si
querés más información acerca de las carreras para la inclusión digital,
mandá un mail diciendo que leíste la nota en Bumeran a academia@proydesa.org
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